lunes, 14 de diciembre de 2020

DÚCTIL


Había quedado con Min. Trajo cena china, de esa otra que no se sirve en el restaurante. Estaba nerviosa desde mi propuesta para que fuese mi sumisa. Sé que eso no se pide, que es un acto voluntario y consensuado en un proceso largo, que nunca sea acaba para ambas partes.

- Desnúdate... -le susurré, acariciando su cuerpo. Pidió ayuda para bajar la cremallera del vertido. Me excité al comprobar, sorprendido, la ausencia de ropa interior. La besé de forma autoritaria y empecé a enumerar lo que íbamos hacer aquella noche, recordando cuándo hacia trabajos extras en aquel salón. 


Temía el castigo y me lo hizo saber. No tocaba en ese momento. Un castigo ha de ser para corregir. Y, ahora, estábamos aprendiendo ambos. 

- No temas, empezaremos esto como un juego. Poco a poco iremos poniendo los puntos sobre las íes.. Potenciaré tu placer en tus prácticas preferidas y te daré a conocer nuevas, junto a las mías. Te volveré más segura. Te daré amor, tranquilidad y seguridad. Aprenderás a dominar tu cuerpo y a darme todo tu vicio cuando lo pida. Te mostraré las herramientas para que cedas tu control en mí sin ningún tipo de miedo o vergüenza. Conmigo aprenderás a volar estando a mis pies -le argumenté con calma-. Ahora, colócate este corpiño y túmbate sobre la cama. 

Su cuerpo, menudo, delgado. Toda una tentación exótica a mi placer... y al suyo. Mi boca se hacía agua y mi mente se confabulaba con mi instinto para un volcán de perversiones. Empecé acariciándola desde la sien, con la yema de los dedos. Y antes de seguir de cintura para abajo, tras un rato, le vendé los ojos. 
Su sexo era como una mariposa aleteando para mí, lubricando con cierta ansiedad. Mis dedos se impregnaron de sus jugos. Su boca era una delicia y su cuerpo se iba arqueando, buscándome. 
Sus labios, henchidos de deseo, su clítoris prieto y erecto, sus aberturas latiendo. El impulso de mis dedos adentrándose en ella, buscando en lo recóndito de sus espirales, ahí donde lo sagrado podía verse profanado. Ahí me centré. Despacio. El garfio de mi mano penetrándola, por delante, por detrás, al mismo ritmo... in crescendo... mientras me pedía más. Una doble penetración es un desafío que pone a mil los sentidos. 


Me sorprendió que pudiera contenerse y que se viniera en mi boca cuando le indiqué. Y luego, como si ya lo hubiese hecho en otras ocasiones o me leyera el pensamiento, se situó de rodillas ante mí y con el tacto de su boca, se aplicó en todo mi sexo, como un ritual que me encantó. 

- Estoy complacido, Min.
 - Gracias…. 
- Señor…Gracias, Señor - indiqué para que ella corrigiera correctamente   
- Lo importante, querida, es disfrutar de cada momento y sentirse libre de ello y por ello. Y que cada acto sea un motivo más para crecer.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

PASADO

Jueves de Relato



Su cuadro está apoyado en la estantería de mis libros, presidiendo. Ahí donde mi imaginación vuela y vive mil aventuras. 
Hace ya diez años que se fue. El malogrado destino de aquel maldito barco: Incendios, ahogados y desapariciones en el mar. Nunca discutimos por nada, solo mencionar sus misterios a la hora de hablar de sus trabajos. 
Ese misterio en su trabajo me inspiró para ser policía y su ánimo a ello me ayudó a conseguirlo.

Una redada sorpresa. Creímos que eran delincuentes comunes. La explosión nos dejo envueltos en fuego. Cuando conseguí quitarme el casco, ponerme de rodillas y respirar a duras penas, una pistola apuntaba a mi cara. No sabré nunca por qué una voz de hombre mandó retirarse. Nos dejaron desarmados. Me cogieron como rehén para su escapada pero no pudieron llevarse las obras de arte.
Tampoco entiendo por qué no me ataron. No dejaba de tocar mi cara y comprobar la venda sobre mis ojos mientras podía percibir que estaba en algún vehículo. Por fin estábamos parados. Alguien me destapó los ojos, y, en ese mismo instante, el tiempo volvió atrás.

- He estado en tu funeral y por poco me muero -maldije. 

No salían de mi boca más palabras, aunque lo intentaba. Mis lágrimas no me dejaban ver bien. Me besó los ojos, los labios, mi frente.

- Qué te digo, mi amor -me susurró.

Me tuvieron preso dos días. Ella se encargaba especialmente de mí. Me cuidó. Y por las noches me hacía el amor un par de veces, callada, en susurros.
Me soltaron cerca de una estación de servicio. Ahora vivo en París. Tengo un pequeño de un año y el tiempo ha retrocedido once años en mi vida.



jueves, 12 de noviembre de 2020

DÍA DE OTOÑO

Jueves de Relatos
"Noviembre" (participantes)



Su primer beso fue el principio de todo. 
Nos besamos hasta el cansancio. Dos años increíbles. De pronto, una discusión tonta, una mala contestación por mi parte y algún gesto que la puso celosa. Me lo recriminó y le dije que yo no era suyo. 

Era un sábado de noviembre. Después de tomar un vermut torero con amigos, andando algo despacio, mis ojos la reconocieron a lo lejos, entre las hojas de otoño, mirando una joyería. Mis pupilas se abrieron como mi carne. Mi boca se secó de repente y empecé a sentir cómo la sangre me hervía. No lo podía creer.  Había pasado un año soñando con ella a diario. Palpité por completo. Pensé que mis latidos podían percibirse a metros de mí. La emoción era tan grande que creí marearme.  

- ¿Todo bien, princesa? -pregunté-. Te he visto algo extraña. 
- Las princesas no existen y, desde luego, los príncipes, tampoco -advirtió iracunda-. Vuelve a la charca de la que has salido y deja de molestar.

Aquello no era lo que esperaba. Había algo más que decirnos. Volví sobre mis pasos. Seguía pegada a esa joyería. Su mirada incidió en la mía. Sorprendida. Llorona. 


- No me volveré a marchar de tu lado hasta que no te tomes un café conmigo y sentado, con calma, te cuente todo lo que siento y escuche todo cuanto has de decir a este estúpido sapo que tiene un nudo en el estómago y no es de estar croando toda la noche.

El dibujo fugaz de una sonrisa. Un primer no. Un segundo. Al final, el café se hizo largo, denso. Ya había caído la noche. Era fría, húmeda. La besé con el alma en la boca y le dije que la amaba. Tomó mi cara entre sus manos:

- Tú y yo teneos un amor pendiente. Lo llamaremos café, que da menos miedo.
- ¿No vamos muy rápido? -me preguntó.
- No pienso dejarme nada para después, porque en esa espera del "después" nos podemos perder los mejores momentos. -Y su sonrisa me inundó por completo.

domingo, 8 de noviembre de 2020

RAYADAS


Las cosas con mi vecinita han sido muy intensas y espero saber gestionarlas para que no se compliquen demasiado. 
Entré en mi casa el lunes, después de contestar demasiadas preguntas en el trabajo sobre mi acompañante en la cena de marras y dejar claro que era un bombón pero que solo había amistad. Me doy cuenta de que en muchas ocasiones no hay que perder tiempo ni paciencia en contar las cosas porque entre lo que yo digo y lo que los demás piensen, existe un abismo, casi siempre, insalvable. Ciertas verdades, por alguna razón, no resultan nada creíbles.

Luego de una ducha reparadora y unos minutos de relax, apareció ella. Me quedé extrañado porque llamó a la puerta. No es nada habitual ya que entra como Pedro por su casa, algo que no me gusta mucho porque sí, tengo mi privacidad oscura. -Me sonrío picaramente-. Su cara se sonrojó cuando me vio cubierto con la toalla y sus ojos evitaron mirar a cualquier lugar que no fuese la mía. Eso también era extraño para el desmesurado descaro de la muchacha. Su mirada me estaba desafiando aunque mirase hacia otro lado.


- He estado pensando y quiero dejar clara algunas cosas entre nosotros -me dijo como si tuviera ya un discurso bien argumentado o preparado. Me apoyé en la encimera y serví una copa de vino fresco para tomar. Era lo más apropiado para  "las historias" de la niña.
- Proceda usted -respondí. 
- Primero..., que te podías vestir, andas medio desnudo, y, segundo -respiró profundo, percibiendo en ella cierto enfado-, lo que pasó la otra noche no significa que tengamos una relación. No quiero que nos rayemos con este tema, aunque a veces caigamos o tengamos sexo, quiero que seamos libres. Bueno esto era más o menos lo que quiera decir finalizó mostrándome un tono más calmado, menos malhumorado. Apuré un trago vino y sonreí:
- Totalmente de acuerdo, señorita, nunca te preocupes por eso. Mis cosas me gusta tenerlas muy claras y , por tanto, que los demás tengan las suyas igual. Respecto a lo de vestirme -dije, haciendo una pausa- creo que no debo recordarte que estoy en mi casa y que no has tenido ningún inconveniente en verme ni vestido ni desnudo, pues entras como si esta fuera la tuya.


Acto seguido me quité la toalla y fui a mi baño a afeitarme. Sentía en mi espalda el peso de su mirada. Aquella situación me provocaba.

 - ¿Te gusto la otra noche? -preguntó en otro tono. Empezaba a ronronear mientras entraba en el baño. 
- Me encantó. Con una copita tienes un puntito muy chulo y estuviste encantadora en el fiestorro -dije, viéndola reflejada en el espejo.

Sus manos acariciaron mi espalda desnuda y sus brazos rodearon mi cuerpo. La miré en el reflejo del cristal, la besé con descaro. La recorrieron mis manos con indecencia y sentada de espaldas al espejo, mi boca se cobró su insolencia. Tantos humos altivos y ahora se difuminaban en una mansedumbre en la que la carne se apoderaba de su lógica. No estaba yo, tampoco, dispuesto a perder mi oportunidad. 
El ratón que se mete en mis dominios debe saber con qué gato se encuentra. 
La incliné frente al espejo,dejando que se viera, que se observara cómo su rostro iba cambiando, como sus movimientos se cedían a mí. La acaricié, tomé su piel con un deseo provocado. Indagué en el perfil de sus glúteos y la penetré con descaro, hablándole sucio y sin cuidado, poniendo distancia entre los sentimientos, solo follándola duro. Me gustaba aquel instinto salvaje que me suscitaba y cómo era capaz de convertirse de gata mimosa a perra cerril.


Ya más tranquilos,  no pude resistir la tentación de besarla y abrazarla para colmarla de ternura. Ese otro instinto calmado y protector para acto seguido decirle que había quedado aclarado todo y:

- ... No te rayes -seguí, haciéndole una carantoña en su todavía acalorado rostro-. He quedado esta noche con Min para cenar y debo vestirme. 

Al volver la puerta para cerrarla,  escuché:

- ¡Será hijo puta...!. -Sí, pude intuir la rabia contenida pero era evidente, y ella así lo había recalcado, que no formábamos un círculo más allá de esos momentos de sexo y de ese compromiso profesional para con mi casa. Dar la razón, confirmarla, tampoco siempre es entendible. ¿Cabreada de nuevo? ¡Qué complicado es comprender algunas cosas! ¡Y lo contento que yo estaba al poder tener una follamiga!

En fin, hay frutos de una sola cosecha y cosechas de muchos frutos.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

DÁDIVA

Jueves de Relato


Era otoño. Salí con mi perro por el monte.  Yo tenía casi cincuenta años. El perro empezó a ladrar. Me acerqué corriendo y, tras aquellos matorrales, vi, primero una pata, y luego el resto de un animal. ¡Dios!, era un caballo. Estaba muy aturdido, inconsciente. Aquella rama clavada en su frente debía haberle provocado una fuerte conmoción.. Lavé con cuidado aquella mistura de sangre y barro que pendía sobre su testuz y que manaba de aquella especie de  cuerno que formaba la rama. No me atreví a tocarla. Parecía estar profundamente hundida. 

Lentamente, se fue incorporando, aparentemente repuesto. Me sentía muy nervioso, incluso asustado. Reconocí un cuerno en su frente y no supe reaccionar al escuchar su voz. Humana. Tras su exposición argumentada decidí aceptar su regalo y sus condiciones. Me sentía un semidiós. Podía curar las más terribles enfermedades pero una vez cada dos años debía volver a quedar con él y sanarlo. La imposición de su cuerno en mi pecho me honraron sanador y él se liberó. 

- Recuerda -me dijo-: Cada vez que sanes a alguien, rejuvenecerás un año. Puede ser una bendición o una maldición... - Y aquel caballo con un cuerno, abrió sus alas y salió volando cual Pegaso.

Volví a casa y lo primero fue poner mis manos a la altura de mi corazón. Sonreí. Tenía algunas cacamacas como todo el mundo y un poco de ayuda no vendría mal. Visité a  familiares con dolencias serías, les impuse mi mano en el pecho. En una semana hablaban de milagros y yo aparentaba diez años menos.

Con el tiempo tomé conciencia de que aquel don, como dijo el unicornio, podía ser un problema. Me vi obligado a cambiar de ciudad, buscar una nueva vida. Llegó el día de encontrarme con mi mentor, en el mismo lugar.

- Te has quitado 20 años -observó-. Debes tener cuidado. Vas demasiado rápido. Nos veremos al año que viene... si no ocurre nada.

Al año siguiente le disparé un tiro en el corazón. Cambié mi identidad y por alguna razón, empecé a salir con mujeres de más edad. Desde entonces, he usado mi poder en contadas ocasiones. Mi aspecto es el de un joven de 20 años. He vivido mucho pero mi corazón se ha vuelto duro y egoísta. Quién no desea ese poder...  Pero todo en la vida tiene un precio.

Me estoy volviendo un eremita, intentando recuperar años. Observo mi rostro. He perdido la cuenta de mi edad pero ya sé por qué desaparecieron los unicornios.


lunes, 26 de octubre de 2020

ÁGAPE

Satisfecho después de mi encuentro con Min y encantado con la situación provocada a mi vecinita, volví a casa, a limpiar y recoger a mi cómplice del lugar del crimen. 
Al día siguiente coincidí con ella en casa. Entré seguro de mí mismo, saludando, rodeándola divertido y provocando su sonrisa con bromas, mientras doblaba ropa. Sacando mi mejor talante le pregunté.

- ¿Alguna braguita sospechosa? 
- ¿Ya estuvo tu china adultera ayer por aquí? -sonrió 
- Sabes que sí. -Hice una pausa incisiva-. Cenaste la comida que me trajo -aseveré, sabedor de que también encontró las pruebas. Hay que medir bien los movimientos. La ambición nunca debe ser mayor que el talento-.Tengo una propuesta para hacerte. Hay una fiesta de empresa mañana y debería llevar acompañante. Si quieres venir, te presentaré a mucha gente y serás una amiga. Cenaremos de lujo y de vuelta a casa... -No me dejó acabar.
- ¡En serioooooo! ¿Qué me pongo?, ¡necesito arreglarme y prepararme ropa! 
- Ponte un vestido y luce ese cuerpito que tienes -la piropeé, sonriendo por la frase de marras.

Fue el centro de las miradas. Mis manos acariciaban su cintura mientras le presentaba a todos. Me pegué a su espalda haciendo notar mi presencia descaradamente y la rodeé con mi brazo hasta dejar que mi mano se posara sobre su vientre. En una de esas, hice un ademán muy mío mientras les decía a un par de tipos:

- Me la llevo a comer algo... Es mía -Y, ahí, mi mejor sonrisa.

 La nena cenó como si le debiesen dinero, no sé donde lo mete.

Ya en el ascensor, bajando al garaje para volver a casa, insistí en pegarme a su espalda, rodeándola con mis brazos.

- Gracias por acompañarme -le susurré-, has triunfado y lo he pasado genial -continué, besando su cuello con mis labios entre abiertos. No necesitó separarse ni un centímetro. Rotó sobre sí misma y su lengua se hundió hasta mi garganta. Absorbió mi lengua con tanta avidez que pensé me la arrancaba de cuajo. Pero la agarré bien de las nalgas y la apreté contra mí. No se sorprendió de notarme duro de entrepierna.


Subimos al coche con más desgana que otra cosa. Creo, que de haberlo pensado menos, hubiéramos follado allí mismo pero la empresa es la empresa y uno tiene una imagen que conservar. 
Mi mano derecha era un duende entre el cambio de marchas y el hueco entre sus piernas. En un momento, vi sus braguitas de encaje blanco colgadas del mando. ¡Dios y mis demonios se pusieron como locos! Una hembra entregada, sin bragas, provocándome desde el otro lado del asiento. Intenciones sucias y mi mano, haciéndole la ola, juguetona, usurpadora, obscena... se coló entre el hueco de sus piernas hasta notar la calidez y humedad de su sexo, mientras la muy cabrona me iba haciendo preguntas sobre Min. Su curiosidad estaba siento insana y se mostraba como una perra en celo.


No llegamos a casa. El hambre a sexo nos pudo más. Aparqué debajo de un árbol, ahí donde la luz anaranjada de la farola llegaba difuminada y me abalancé sobre mi vecinita con el mismo ímpetu que ella me recibía. Igual que no sé dónde mete lo que come, tampoco sé bien de dónde saca esa fuerza. Me vi quieto en mi asiento, con ella encima, con sus pechos desnudos a la altura de mi boca y en la mirada todo el deseo acumulado como la humedad que empapaba mi sexo. 

Le comí la boca y noté cómo me hacía hueco entre los húmedos pliegues de su carne, como sus babas se fundían con las mías y los alientos, agitados, bailaban al ritmo de su cuerpo sobre el mío. Sus pechos eran un escándalo para mis demonios. Mi boca el recinto preciso para custodiarlos. Mis dientes, la mejor fricción... El olor de su piel, su sabor... y todo el vaho acumulado en los cristales. Conseguimos llegar a casa después de un desahogo acelerado. Entró a su piso un momento mientras yo me abría una cerveza helada. Me quedé descalzo, me relaja esa sensación, y escuché abrirse la puerta.


- Me pondré cómoda, también, no es de caballeros beber solo,  ¿sabes, guapito? -apuntilló.

Solo pude quedarme mirando esa obra de Dios. No pude pronunciar palabra, mi cuerpo hablaba solo. Tras un trago largo a mi cerveza, se la ofrecí y, sin dejar de mirar, cuando sorbía dejé escapar mis demonios... y los suyos los acompañaron.

Se convirtió en un volcán donde manos y boca eran lenguas de lava que me encendían. Cada gemido suyo era como un aliento a cada uno de mis deseos, a cada uno de mis demonios que no tardaron en atraparla y hacerla suya, siento yo esclavo de sus deseos hasta que, de pronto, se apartó, me miró fijamente, se sonrió... dejándome ver mis demonios echando fuego por su boca... y convulsionando en mi entrepierna donde su mano me sostuvo con ahínco. Me mordió los labios, se relamió como una vampiresa que acabará de hincar los dientes en el jugo más perfecto.




miércoles, 21 de octubre de 2020

SERPIENTES

Jueves de Relatos


La serpiente y la luciérnaga. 

Fábula


Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir.
Huyó un día, y ella no desistía. Dos días, y nada. Al tercer día, la luciérnaga paró y, fingiéndose exhausta, dijo a la serpiente:

– Espera, me rindo, pero antes de atraparme permíteme hacerte unas preguntas.
– No acostumbro a responder preguntas de nadie, pero como te pienso devorar, puedes preguntarme.
– ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
– No. 
– ¿Te hice algún mal?
– No. 
– Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?
– Porque no soporto verte brillar. 

La luciérnaga se atrevió a recabar esa información, porque quería entender la situación que a todas luces le parecía sin sentido.
Una vez enterada de la envidia de la serpiente, se limitó a sonreír y volar más alto y rápido aún, con lo que la serpiente se quedó con ganas de ese bocado tan luminoso que demostró estar fuera de su alcance. En un guiño final de su luz, el bichito alado le gritó a la serpiente, muy encima de ella:




- ¡Es hora de que aprendas a brillar tú misma de un modo tan hermoso que aun nosotras, las luciérnagas, observemos con admiración tu gran resplandor!



En el entorno de cada uno de nosotros, siempre hay serpientes que intentan opacar nuestras ganas, nuestro trabajo, nuestros esfuerzos por estudiar, por mejorar, por avanzar.  Son como esa niebla que lo cubre todo, lo moja y empapa, y no siempre es sana, al contrario. 
Volemos, elevémonos sobre la bruma, siempre por encima de ellos y con nuestra luz iluminemos su camino para que ellos también puedan avanzar.
Siempre hay alguien que disfruta en el daño gratuito, que lo toma como algo esencial e instintivo de su vida, que precisa de la no  opacidad de los demás para rescatar su brillo o potenciar una tibia luz en él, porque hasta los seres más oscuros tienen luz.

Ahí tengo mi serpiente, enroscándose en la pata de mi cama, siseando, olfateándome... Y la percibo en sus intenciones: Medirme para tratar de engullirme....


viernes, 16 de octubre de 2020

TIGRIS


Bajorrelieve de terracota. Periodo Babilónico Antiguo (1839 a 1531 a.C.)

Según la interpretación de los arqueólogos se trata de un hombre salvando a una mujer que está cayendo hacia adelante en el río Tigris, sujetándola por las caderas y el cabello.
Yo seré un mal pensado o nada entendido en la materia, pero para mí se la está follando...

lunes, 12 de octubre de 2020

STIGMATA


El fresco de la mañana es un cómplice inesperado, su espalda se pega a mi cuerpo con forma de cuchara, se queja de frío mientras noto su calor interno.
Mis manos acarician su bonita espalda, mi cuerpo se pega al suyo, mis dedos bajan su pijama lo necesario, mientras su cuerpo se inclina hacia delante.
Hoy, en el día del Señor, cuando mi sentir se deja llevar por el vaivén del amanecer y el empuje de mis caricias  y se quiere abrir paso, suena su primer negado:

-Nooooooo...

Su mano guía  el camino elegido, el envite se hace más intenso y mis manos recorren su nuca debajo de su pelo en un baile embelesado, mientras se tumba boca abajo, mis manos vuelven a bajar por su espalda y mis dedos poseídos quieren entrar en su cuerpo. Es entonces su segundo negado:

- Nooooooo...


Sujetando su muñeca con mi mano, mi pulgar ensalivado profana su caverna y acompasa cada embestida, volviéndola más dócil. Mis manos vuelven a su espalda y es entonces cuando mi boca sonríe pensándote. Inclinando mi cuerpo sobre el suyo y penetrando su cueva prohibida. Arremete su tercer negado:

- Ahhhh... Noooo...

Su cuerpo se deja llevar poco a poco, metiendo su cabeza bajo la almohada, gime y clama por igual, dándose a mí por completo y haciéndome sentir poderoso, después de negarme tres veces como un discípulo a Cristo. 
Las marcas de fauces en su bonita espalda, las de sus muñecas y los glúteos colorados dan fe de los estigmas de elegidos al vencer al demonio.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

EL ÚLTIMO CATÓN

Jueves de Relatos


Bajo el suelo de la Ciudad del Vaticano, encerrada entre códices en su despacho del Archivo Secreto, la hermana Ottavia Salina, paleógrafa de prestigio internacional, recibe el encargo de descifrar unas extrañas escarificaciones aparecidas en el cadáver de un etíope: siete letras griegas y siete cruces. Junto al cuerpo se encontraron tres trozos de madera aparentemente sin valor. Todas las sospechas van encaminadas a que esos pedazos pertenecen, en realidad, a la Vera Cruz, la verdadera cruz de Cristo.


Estos son sus personajes principales:
  • Ottavia Salina: religiosa de la Orden de La Venturosa Virgen María. Doctora en Paleografía e Historia del Arte. Es directora del Laboratorio de Restauración y Paleografía del Archivo Secreto Vaticano. Nació en Sicilia y es una de los nueve hijos de una de las familias más importantes de Palermo.  
  • Kaspar Glauser-Röist: capitán de la Guardia Suiza y uno de los agentes más apreciados por el Papa. De origen Suizo-Alemán. Encargado de "ocultar" o "hacer desaparecer" todos los trapos sucios del Vaticano. 
  • Farag Boswell: profesor del Museo Grecorromano de Alejandría. Experto en Historia y Paleografía bizantina. De origen egipcio-copto. 

Trata de los Estaurofilakex, miembros de una secta ficticia cristiana, encargada de custodiar y recuperar los fragmentos de la cruz de Cristo. Los aspirantes a entrar tienen que pasar una serie de pruebas mortales y son marcados con escarificaciones en el cuerpo por otros componentes veteranos. 

La Divina Comedia de Dante aparece muy útil para descifrar cada una de las siete pruebas. 

El último catón es una novela superventas de ficción, de la escritora española Matilde Asensi (1962–), ambientada temporalmente en la actualidad y que cuenta una historia en la que a través de una investigación del Vaticano se pretende descifrar el misterio de los robos en todo el mundo de fragmentos de la Vera Cruz. 
Salió a la venta en el año 2001 y según Editorial Planeta, se han vendido más de 1,25 millones de ejemplares. 
Reconozco que también me dio pena saber que no existen. Es una historia apasionante y que atrapa. La recomiendo sin duda.

lunes, 28 de septiembre de 2020

PINTAMONAS

Cenando en el restaurante, mirando su cara preciosa y sus ojos azules, llegó el momento de las siempre incomodas preguntas de reflexión donde te juegas la siguiente cita . Por tanto, hay que poner todos los sentidos y atención. Ella pregunta primero: 

-¿Eres sincero? 
-Bueno, ser sincero no lo considero una virtud, a veces puede ser muy desagradable la sinceridad.  
-¡Dijiste que eres pintor!... ¡Y no lo eres! 
-Eso no es mentir, es solo un camino más para llegar a un fin. 
-¿Engañas a más chicas con este truquito? 
-No es un truquito, fue improvisado y, esta tarde, todo ha sido maravilloso.
-Entonces, ¿ me firmarás el retrato?, ¿con tu nombre real? -Risas de ambos. 
-¡Nooo! Qué vergüenza, además, sabrán que te he visto desnuda si lo hago.

-¿Tú crees que se parece algo a mí? ¡Cómo se puede tener una cara tan dura! -rio divertida-. Tampoco eres vegano. Te estás comiendo un filete de ternera, tengo un chupetón en un pecho y la verdad, si lo pienso mucho, no tenemos muchas cosas en común. Veo que me has puesto tu nombre al dorso del retrato y tu móvil. No te prometo nada. Todo según la marcha, sin estrés. ambos. 

-¿Cómo se puede tener esa cara tan bonita? -Hice una pausa sosteniendo mi mirada-. Me ha encantado amarte de esa manera toda tarde y te he invitado a cenar para compensar daños colaterales -alegué-. He cenado un filete, porque nunca una historia de amor comenzó con una ensalada. -Sus labios se inclinaban hacia un lado para evitar reír.-Además, tenemos un comienzo que no olvidaremos, podemos ponerle un marco al dibujo para recordar nuestra primera cita  y más anécdotas en una tarde que muchas parejas en un año.

No creí conveniente decirle que tenia su numero, porque me hice una perdida con su móvil, ni el mordisquito en su larguita espalda. Ahora solo tengo que aguantar no llamarla antes de que lo haga ella.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

QUIMERA

                  Jueves de Relatos

- Sucedió hace unos quince años, doctora. Subí al metro con un vestidito y una chaqueta. Iba provocadora. Nos gustaba ir así: Jugar, coquetear, flirtear... Éramos muy jóvenes e inconscientes. Ese día el vagón iba a tope. Lectores de ojos  no dejaba de mirar mi escote y mis piernas. Se acercaban y se mantenían al lado pero cuando el metro llegó a Sol, entró tal cantidad de gente que nos vimos todos estrujados por todas las aristas, sin poder movernos.:

    »Una mano se posó en mi trasero y recorrió mis nalgas. No sé por qué pero le dejé hacer. Sentí su otra mano en mi costado, rodeándome con su brazo izquierdo y pegándome a su cuerpo. Su mano derecha se coló debajo de mi vestido, acariciándome sobre mis bragas.

    »Mis ojos se abrieron de sorpresa.  Sabía lo que hacía con sus manos, aunque yo solo era una tonta resabida. Me estaba excitando y su respiración en mi cuello me noqueaba. Apartó mis braguitas y metió los dedos en mi vagina, muy suave, en los puntos exactos. Y siguió pegándome a su cuerpo. Tuve que taparme la boca para no gemir.

    »Un par o tres paradas más tarde, noté cómo soltaba mi cuerpo emputecido de placer. Era una mujer joven y trajeada. Se perdió en el vagón después de dejarme una sonrisa y su tarjeta, dejándome totalmente húmeda. Era ajena a la gente. Fue la única experiencia sexual distinta que he tenido.

- Es bueno soltar estas cosas que llevamos dentro tanto tiempo y han podido ser un trauma en nuestra juventud - intervino la psicóloga .

- Espere, doctora- la interrumpí y me dejó hablar-. He venido porque hoy encontré entre mis cosas esa tarjeta. Estoy casada y tengo familia. No sé muy bien qué hago aquí pero no he podido olvidarlo -hice una pausa-. Supongo que ya sabe que fuimos usted y yo, los personajes de esta historia.

Sonrío, mientras se acercaba a mí. Aquella sonrisa...

viernes, 18 de septiembre de 2020

ALBORES

Demasiados días con demasiada paz, mi mente se estaba llenando de perversiones y mi boca echaba de menos mi licor favorito. Mi vecinita subía a horas incompatibles conmigo, me evitaba para realizar sus labores de limpieza en mi piso.
Con Min, desde que su marido vino de Corea, no sabía de ella y ya saben el dicho: "Cuando el diablo se aburre con el rabo mata moscas". Decidí darle una patada al avispero y provocar cosas.
Me presenté en el restaurante, la saludé cordialmente y pregunté si podía llevarme el pedido a última hora. Asintió con la cabeza sin decir nada.

Entró como siempre en mi piso, dejó la cena sobre la mesa con gesto ceremonioso. Su cabeza se inclinaba hacia abajo.

- ¿Todo bien, amor? -le susurré al oído mientras giraba a su alrededor.
- Sí, ya sabes todo. No sé qué decirte más.

Levanté su cara y la besé en la boca. Su reacción fue confusa. Quería retirarse y, a su vez, lo deseaba.

- Te echo de menos -dije, mientras mis manos la rodeaban. 

Su respiración nerviosa era conocida para mí. Con sus labios entre mi boca intentaba decir que era una mujer casada y sonaba a un, por favor, nada creíble.  Ya apoyada sobre la mesa y con la falda a la altura de su cadera, bajé a su sexo pero me paró. "Esto se acabó", pensé.
Fue al baño. Dejó la puerta abierta y observé cómo frotaba su sexo con una toalla húmeda. Al salir, volvió a enredarse en mi cuerpo como una serpiente, dándome por fin su cuerpo y mi licor favorito.

- Desnúdate y ofréceme tu cuerpo sin pudor. Ahora tienes más morbo para mí.

                                                                           

La penetré con firmeza. Usé palabras duras y la azoté enérgicamente. Me miraba sin entender pero no vi atisbo alguno de repudia.

- ¿Tienes hijos? ¿Cuántos? -interrogué mientras mis azotes eran más duros y ella no podía parar de hiperventilar.

Al final de una sesión de azotes y lamentos, confesó tener un hijo mientras profanaba esas nalgas en pompa y la masturbaba a su vez con un cómplice de juegos. Eran gemidos y quejidos por partes iguales y mi perversión crecía, asegurándome de que mi vecinita los escuchaba o quizás nos espiaba. Eso me daba un morbazo tremendo.

Acabé aplacando mis deseos  después de un par de semanas de abstinencia. La apoyé en la mesa mientras la besaba y mi cómplice remató la faena.
Me confesó que aquello era vergonzoso para ella, pero su lengua seguía por mi boca y sus brazos enroscados en mi cuello. Se hizo la calma. Solo se escuchaba su respiración agitada con su cabeza inclinada hacia abajo, apoyada en mi hombro.

 - Las cosas entre nosotros precisan cambiar, Min- -E hice una pausa en tanto le acariciaba el pelo-. No puedo ser ni tu novio, ni tu amante. Ne gustaría enseñarte un camino nuevo, si tú deseas, un camino donde conocerás el verdadero sentido de la libertad... y vivirás esta relación conmigo de una manera totalmente diferente. Te inspiraré la necesidad de estar conmigo, de desearme, de complacerme en todo... , cómo yo quiera y cuándo quiera, que acabes, libremente, eligiendo ser mía, totalmente mía. Tener el control de ti, que cedas tu voluntad a mi placer... -Ella me miraba como asustada. No estaba seguro de que comprendiera del todo lo que le estaba diciendo pero habíamos hablado alguna vez y había notado su curiosidad por el tema. No tenía prisa alguna.

Era tarde y pensé en acercarla al restaurante, mientras ella se vestía, me ausenté un momento. Baje a casa de la vecinita. 

- Tengo que salir pero, si quieres comida china, tienes sobre la mesa..., sin tocar. 
- ¿Estabas acompañado? -preguntó.
- No seas curiosa -contesté- y no entres al salón. Tengo que recogerlo -Dentro de mí había una sonrisa perversa. Sabiendo que allí,  en el suelo, exhausto, descansaba mi cómplice y toda la confesión obtenida, y que ella no resistiría la tentación.


Había cambiado algo dentro de mí. Cuando dejas salir a los demonios, algunos se niegan a volver…

lunes, 14 de septiembre de 2020

TRÉMULA


Terminaba ya su clase magistral diciendo:

- La vida es sabia. Cuando la noche lo cubre todo, solo cabe maldecir la oscuridad y dormir.

Todos los asistentes asintieron. Él se sintió satisfecho, solo en parte, porque sabía que por ahí había un alma inquieta, llena de mil preguntas curiosas, guardando silencio hasta el momento preciso. Ahí estaba. La vio al levantar la vista, al fondo, con la mano alzada y esa mirada que parecía abarcarlo todo. Unos mechones cubrían su frente y más pelusilla que barba, amenazaba con despuntar en su imberbe piel. Tenues ojeras eran el alfeizar de uno ojos vivos, de intenso y propio brillo y el sonido más callado retumbaba entre aquellos labios carnosos preparados para encauzar palabras, a veces, imprudentes.
A un gesto del sabio, el joven habló:

- Y si, en vez de maldecir la noche y dormir, encendemos una vela. La vida a media luz sigue siendo hermosa -sonrió-. Los cuentos tienen otra magia, las historias de miedo son más emocionantes, los besos apasionados saben a miel, los tímidos encuentran el arrojo, los entrecortados encuentran el valor para hablar... -E hizo una pausa que retronó sobre los presentes-. ¿Qué hay más bello que amar, ver y rozar una piel a media luz? -Ahí estaba siempre la sincera pero imprudente anotación-. Si los dioses nos han dado capacidad y conocimientos, ¿debemos usarlos o, simplemente, no hacernos preguntas y malgastar parte de la vida en respuestas estúpidas y acciones baldías?

El maestro guardó silencio. Respiró hondo pero con suma calma. Levantó sus brazos y mostró las palmas hacia sus pupilos, ofreciéndoles el contenido invisible que había en ellas.
El discípulo iba a proseguir pero un gesto del sabio le hizo guardar silencio.

- ¿Qué decís vosotros, mis jóvenes aprendices?
- Con una vela no se ilumina toda la oscuridad -respondió uno. El maestro asintió con un ligero gesto de cabeza al tiempo que seguía manteniendo la mano derecha extendida hacia el joven curioso, controlando su impronta.
- La oscuridad es demasiado grande para eliminarla con una sola vela, maestro. 
- ¿Alguien más tiene algo que decir que no seas tú? -preguntó mirando a su ágil pupilo, quien le sostuvo la mirada con el máximo respeto. 

Se mordía las palabras en la boca, se ahogaba con ellas. Aquellas respuestas eran ciertas pero limitadas, un ignorante vacío ante la realidad. Durante unos largos minutos insistió el silencio. pero cuando el joven pensó que su turno de rematar había llegado, el maestro los mando sentar a todos.


- Vuestras palabras dicen verdad en todas sus versiones, extensas o cortas, pero adivino que todo lo que digáis será en el mismo sentido y también erraréis. La noche fue pensada para descansar y se crearon las bestias nocturnas para que exista vida también en ella. Podemos alargarla incluso vencerla algún tiempo o algunos metros. Lo que no debemos es escondernos en ella o en penumbra para tapar nuestros miedos o defectos y sentirnos más audaces y atrevidos escondidos como bestias.
 »El hombre debe enfrentarse a sus defectos con valor y paciencia, esconderse no es una opción para la felicidad. Crearíamos otro mundo con los que habéis nombrados y los feos o deformes o diferentes.»En el mundo debemos tener cabida todos, ayudándonos y aceptándonos, también con la maravillosa luz del día. 
»Dicho esto: Es mejor encender una vela que maldecir la noche.
»Debéis reflexionar si es asi... -dijo el maestro para juntar sus manos sobre el cruce de sus piernas.


"Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad".
Aforismo atribuido a Confucio

viernes, 11 de septiembre de 2020

VENGANZA

Jueves de Relatos
Neogéminis
"Monstruos"


- Ave María.
- Sin pecado concebida  hija.
- Necesito ayuda, padre. Otra vez vuelve a pasarme, me levanto con remordimientos de los sueños tan reales, de las marcas en mi cuerpo, de la respuesta del mismo, empapada sonrojada y dolorida. Con mis ropas rasgadas con mi sexo dilatado y profanado, incluso lucho, me resisto y, entonces, amanezco peor, con mi cuerpo marcado.

Al ver su espalda rasgada, sus pezones ensangrentados, decidí intervenir. Hacía años que no realizaba exorcismos ni limpiezas. Hay que ser joven, fuerte y firme. Me sentía mayor y débil después de luchar durante muchos años con demonios.
Un joven ayudante, y recién salido del seminario por falta de vocación, se ofreció a ayudarme y, sinceramente, no estaba para despreciar compañía.

Entramos en su casa. Todo parecía en perfectas condiciones. Hice unas oraciones sencillas y bendije todo con agua bendita. No parecía haber reacción.
La mujer y yo nos quedamos blancos mirando a mi ayudante, con una rodilla en el suelo, susurrando oraciones en lengua antigua. Solo pude medio entender con una voz atronadora.

-  Sal a la luz... Y  te lo ordeno.

En ese momento, apareció un par de seres retorciéndose sobre el suelo, gritando maldiciones y dirigiéndose al muchacho, Uno de los seres se abalanzó sobre mí. Aquí estoy en la cama de la señora dolorido pero sano, escuchándola, con ojos de plato, sin recordar nada.


- Sí, padre... El chico se alzó del suelo con un brillo cegador. Pude ver sus alas inmensas, padre. Con una espada atravesó a uno de ellos, ardiendo y quedando en cenizas. A usted lo abrazó fuerte, diciendo palabras extrañas. Cuando lo soltó, tenía agarrado al otro ser, lo pisó y con su espada, corrió la misma suerte que el otro. -Hizo una pausa y prosiguió-: Me acarició la frente con su mano, sentí la paz más  dulce del mundo.  "Ya pasó todo", me susurró. A usted lo elevó como a una pluma y lo posó en mi cama. Según parece, padre, usted era el objetivo y yo el instrumento para atraerlo. Me dijo que hay hombres buenos en el mundo, hombres de valor, a los que desean atormentar y destruirlos para que sirvan de ejemplo en la siempre dura lucha entre mundos. -Respiró hondo-. ¿Y si le digo que desapareció volando me creerá o pensará que estoy loca?

lunes, 7 de septiembre de 2020

SUBDUED


Verla arrodillada, en braguitas y con ese corpiño, esperándome, en silencio, me produce un placer inmenso. 
La observo sin decir nada. Puedo escuchar su respiración y percibir su excitación.  Estoy curtido en estas labores. No me vendo por un puñado de billetes pero disfruto ejerciendo un trabajo que me satisface y que me aporta buenos beneficios. 

- Te inclinarás sobre la mesa y usaré el flogger, suavemente. Contarás para ti cada azote. Tal vez luego pregunte -incidí para hacer una larga y densa pausa-. Tendrás tus bragas mojadas para entonces. Lo comprobaré. Si no es así, tendrá consecuencias. -Podría azotarla de nuevo con algo más de intensidad o, bien, usar sus braguitas a modo de mordaza-. Te lameré por un tiempo, largo e intenso -seguí mientras me movía alrededor suya-. Me abriré paso entre tus labios, una y otra vez. Si durante ese tiempo no te has venido en mi boca... Tendrá consecuencias. -Me detuve detrás de ella, bien pegado, para que notara todavía más mi presencia-. Volveré a comerte con lascivia. -Comencé a caminar despacio en la misma circular hasta quedar frente a ella. Su mirada hacia el suelo no le permitía ver más allá de mis zapatos. Me incliné y le hablé al oído-: Quiero sentirlo en mi boca. Quiero oler a ti, saber a ti... Quiero que marques mi cara como una leona con tu licor. ¿Has comprendido todo lo que te he dicho? -Asintió y negó a la vez.
                                                                                                                                                             

La máscara seguía cubriéndole el rostro. Las manos atadas a su espalda. Así me la entregó la Madame. La acompañé para inclinarse sobre la mesa.

- Cuenta para ti cada azote. -Tres moderados, otros tres más severos. Ella respingaba y yo más me excitaba.

Me incliné entre sus bonitas piernas. La despojé de esas bragas vulgares y lamí durante seis minutos. Solo se humedeció. Fueron otros seis azotes severos antes de volver a lamer otros tantos minutos. Mantuve cerca la fusta y, tras unos instantes de trabajo manual, le introduje un dildo. Conté varias decenas de azotes en total. Algunos muy severos, he de reconocerlo. Abrí sus nalgas. Sus piernas temblaban y la penetré con fiereza, notando la presión del juguete en su trasero y la estrechez de su conducto. Acabar dentro de ella fue sublime.

La sesión debía acabar. Había pasado la hora contratada. Estaba realmente extasiado. La desaté y quité su mordaza. Dejo que conserven siempre la máscara. No solo es erótico, también una pequeña frontera.

- ¿Algo que decirme? -pregunté, mirando su rostro algo descompuesto y sonrojado.
- Solo vine a decirles que mi sobrina no podía venir hoy, pero las señoras de afuera me invitaron a pasar al preguntar por usted. Yo asentí, pero no me dejaron explicarme más y me taparon la boca con esa bola. No sabia dónde venia. Lo demás, ya lo sabe.

Algo hizo crack dentro de mí. Mis demonios se tomaron unas libertades que tenían prohibidas. Aquello no debía haber sucedido, ya no por mí, sino por la Madame. Ese día dejé ese trabajo extra. Cambié de dirección y conocí a Min en el restaurante chino..., y a mi vecinita nueva.

viernes, 4 de septiembre de 2020

PROFES

Jueves de Relatos

                                              
Voy a ser irreverente y la nota discordante, seguro, pero una reunión donde todo el mundo piense lo mismo es una reunión perdida.

Los maestros antiguos -mejor me callo-. ¡Sí!, los que se aprendieron los ríos y las cordilleras con las provincias..., son capaces de repetirlos como loros.
Yo, lo que pienso de ello es que la memoria es la inteligencia de los tontos.

Los profesores actuales, hablo en general, claro está, al primer problema lo sacan de la puerta de los colegios diciendo que eso ya no es asunto de ellos.
Solo piensan, bajo mi punto de vista y hablando nuevamente en general, si han conseguido plaza aquí o allá. Y por supuesto en que es un trabajo más de funcionariado, con un agravante, y es que su material de trabajo es lo más importante de cada uno de nosotros: Nuestros hijos.

No incidiré más sobre el tema de nuestros queridos maestros. También decir que los hay que se merecen un monumento por su dedicación y vocación docente. A grandes rasgos, este es mi pensamiento. Seguramente equivocado, pero me ha gustado siempre más debatir y pensar que adoctrinar.
¡Filosofía en la aulas de primaria ya!

"Es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación reglada".
Einstein


domingo, 30 de agosto de 2020

INGRAVIDEZ


Necesitaba ayuda para las labores de casa. Mi vecinita se ofreció y me niego a discutir con ella, total, sube a todas horas. Eso sí, el horario lo acomodó a su otro trabajo.
El primer día llegué a mi casa y ella planchaba. ¡Sorpresa!  Un saludo, un poco de charla, alguna tontería de esas nuestras y cada uno a lo suyo. Todo parecía ir bien hasta notar un par de prendas en mi cara.

- ¡Las bragas de esa zorra tuya que se las doble ella! 
Glub! Sus mil demonios estaban en camino y yo, ahí, comiéndome casi unas bragas que no eran las suyas.
- A veces se marcha deprisa. Se las habrá dejado... ¡Y no hables tan mal de ella que es una amiga!
- ¡Me paso a tus amigas por el forro de tus...!
- ¡Eh!


Al final, le conté las novedades. Si se iba a enterar por ahí, que la información la recibiera de primera mano. Min, la dueña de esas bragas que me acababa de tirar, me confesó algo: No podríamos vernos por un tiempo indefinido. Estaba casada y su marido volvía de Corea.
No sé si mi cara reflejaba suficientemente mi sorpresa o qué pero ella dejó sus labores y se acercó despacio.

- Vaya movida, no sabias nada.  -Como gata paseándose con encanto y entornando aquella mirada que escondía poco sus intenciones, terminó por abrazarme. - No te preocupes, sabes que me tienes a mí.

No sabría decir cómo pasó pero sus labios atraparon los míos, los torturaron uno a uno. Su lengua entró en mi boca y no pude resistir más. No quise. Mis manos tomaron sus caderas, bajaron a sus nalgas. La recorrieron entera. 
Aquel cuerpo menudo era una tentación que se contenía en mis manos.
Quise pegarla a la pared. Era imposible. Su cuerpo se curvaba como un arco, no respetaba las leyes de la gravedad, su sexo empujaba a mí sexo, retándolo.
Lo acaricié, lo masturbé y bajé a beberlo, lamerlo... No tardó en venirse, retorciendo su cuerpo de nuevo como un  garabato. La penetré sin voluntad alguna, su rodilla subía hasta mi axila. Dudaba en cómo acomodar mi brazo mientras la embestía.


Follamos como poseídos. Entre jadeos cortos y seguidos volvió a terminar y, sin remedio, yo a su vez. Bajo y subió a ornar mi sexo con su boca y su cuerpo seguía sus propios parámetros y equilibrios. Se hizo el silencio y volvía a colgarse de mis hombros como una nena inocente.

- No volverás a follar con esa zorra ¿verdad? -preguntó mimosa.
- Ahora no puedo sacar conclusiones. Veremos cómo sucede todo.
- ¡No puedo creerlo!, ¿en serioooooo? -entonó. Es una frase que me da risa. Esa manera de arrastrarla como si todo el cuerpo la siguiera. Me sonreí levemente. Quizá una risita tenue, casi imperceptible. Sus ojos se abrieron como si yo hubiera cometido un crimen.
- ¡Eres lo peor! -espetó-. ¡¿Yo qué soy?!, ¿otra follamiga, entonces? -Parecía indignada y se dirigió hacia la puerta. Pude tranquilizarla, ser más sutil, pero entre ataques de risa que no se pueden controlar, le dije:
- Te dejas tus braguitas -sin poder disimular lo divertido que todo aquello me estaba resultando.
Si las miradas matasen podría decir que aquella estuvo a punto de hacerlo:
- ¡...Cabrón...!. -Y creo que maldijo a todos mis familiares de primer grado de consanguinidad.

Después de aquello...
Aún voy sonriendo  por la calle, cuando no riendo, recordando la frase de marras y aquella escena tan surrealista. Luego de pensarla mucho, le dejé una nota al lado de la plancha. Esperaba que no me quemase mi mejor camisa o me tirase algún día la plancha a la cabeza: "No pienso enfadarme contigo, eres alegría en mi vida", y la acompañé de una rosa.
En aquel momento pensé en qué quedarían aquellos mensajes y qué consecuencias acarrearían con un cuerpo sin gravedad y una mente que funciona a impulsos con códigos distintos.

jueves, 27 de agosto de 2020

FUTURO

Relatos de los jueves


Su visión repetida siempre, era que moría joven pero ella sentía a su hijo. A sus 20 años, cuando se había comprometido con David, sufrió un accidente de circulación… A los dos días la dieron por muerta, El novio no podía creer, ella le contaba sus visiones y el la creía sin dudarlo. Pidió estar a su lado a solas, entonces sintió que latía su corazón, todos en el hospital se alteraron y después de dos días de pruebas y varios expertos examinando, les dieron la noticia:

1º Son cadáveres a los que les late el corazón, orinan, no se descomponen , son cálidos al tacto, se curan sus heridas, pueden tener fiebre y los más sorprendente, pueden tener bebés.
2º estaba embarazada!! Su madre se desmayó en ese mismo momento, pero David sonrió y sintió alivio.

La alimentaron artificialmente y a los 8 meses le provocaron el parto , fue una niña hermosa y bella como su madre, era un milagro. La noticia fue mundial " la niña milagro" la llamaron. Un día más tarde la abuela de la niña tropezó y cayó por las escaleras del hospital. El destino siempre cobra sus muertos. La madre de la niña sobrevivió 10 años en esas condiciones. Su hija y su padre vivieron felices con el recuerdo de su madre.

                                                                   
 

"Es el destino de los cadáveres que les late el corazón. Estos pacientes están completamente e indiscutiblemente muertos. tienen  órganos funcionales y pulso. Los costos médicos de estos pacientes son astronómicos. Para calificar de cadáver con corazón latente, todo el cerebro debe estar muerto".

¿Podemos tener una visión de futuro, pero se puede cambiar?



*El argumento núm. 12 corresponde a la historia de un personaje que tiene la visión de un futuro inquietante con la posibilidad de cambiarlo

lunes, 24 de agosto de 2020

ÉPOCAS


Estos tiempos, son otros tiempos. ¿Seguro? En algunas cosas parece que haya pasado, no décadas, siglos. Algo tan simple como el reto generacional de hacer el gesto de llamar por teléfono nos puede ayudar. ¿Cómo harías tú el gesto de indicar que vas a llamar por teléfono?            

  Reto viral revela tu edad “¿como haces el gesto para hablar por telefóno?”

Según vemos en la fotografía, un padre realiza esta cuestión a su esposa y a sus hijos adolescentes.
Evidente la respuesta, ¿verdad? Teléfono fijo, auricular y micrófono. Teléfono móvil plano.

Es un cambio de época, distintas señales para decir lo mismo entre nosotros. En los más jóvenes claro, en los mayores  seguimos igual o peor.



Pero qué vamos a pedir si vemos el ejemplo que exportamos al mundo desde nuestras instituciones. Es un país de católicos y puteros como Dios manda. Lo demás..., como decía el torero: "Hay gente pa'toó".
¿Más ejemplos? El tema del rey, las mascarillas, la vuelta al cole y cualquier tema mediático. Como dijo Umberto Eco, con un agravante, "el drama de Internet que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la  verdad, sea famoso o no".




domingo, 9 de agosto de 2020

PLANES


Escuché ruidos y bronca en el piso de abajo, solo podía ser mi vecinita y alguna de sus extrañas movidas.
Toqué a su puerta y ella abrió, con poca ropa.

-¿ Todo bien? -pegunté. Ella solo lloriqueaba sin decir nada.

Al fin salió un joven mal humorado y pidiéndome explicaciones. Después de unas pocas palabras, le invité a recoger sus cosas y a marcharse mientras seguía increpando. Le advertí por última vez. Ella no dijo nada. Parecía un pajarillo entelerido bajo la lluvia.
El bravucón salió diciendo que le habíamos jodido el plan entre los dos y que mi vecinita no era más que a una puta loca. Me aseguré de que llegaba a la calle. Al llegar al portal, sin decir nada, le emboqué un puñetazo lleno de rabia. Al volverse, le metí un codazo en la boca del estómago que le hizo caer al suelo.  -¡Ni se te ocurra volver por aquí! -le espeté.

Regresé al piso e intenté calmarla. Nos sentamos en su sofá, Sé que es una chica mal hablada, irreverente y rebelde, pero no puedo soportar ese tipo de actitudes por parte de nadie. Creo en su buen corazón. Sin embargo, verla de repente apoquinada me sorprendió porque ella no es de amedrentarse o de no sacar su mala leche a pasear.
Se acurrucó sobre mis piernas. Sus lloriqueos se volvieron mimos. Sus brazos se hicieron a mi cuello y su cara se acomodó en el hueco con el hombro.

- Noto algo duro por tu bolsillo -me ronroneó.
- Es mi móvil -contesté, intentando guardar la compostura.

Aquel pequeño pajarito que parecía indefenso se estaba convirtiendo en una gata mimosa.
Notaba sus labios entre abiertos sobre mi cuello y su cuerpo se adaptaba entre mis piernas. Ahora, o estaba ya perdido con mis demonios en baile, tenía que salir de sus dominios tan tentadores. Lo sentía como territorio apache.

- Vamos, ponte algo de ropa y te invito a  cenar a mi casa.
- ¿Comida china? -preguntó no sin cierta sorna.
- No -respondí tajante pero carente de rudeza-. Me apetece comida de casa, ensalada y carne a la plancha. Tengo vino y algún refresco.
                                                                     

Ignoré su sonrisa traviesa. Al fin se encaminó a su habitación, contoneándose y acomodando sus braguitas plegadas por el roce, entre aquellas nalgas menudas pero llenas de peligro. Mi cuerpo no quería que se retirará pero a mis ojos les encantaba ver cómo lo hacía. Y en ellos, mis demonios hablándome al oído.

Me dejaba ver mordiendo mi labio inferior, sin confesar que el dolor de mis dedos era horrible. Los huesos son muy duros.  Me adelanté para ponerlos un poco en hielo.
No tenía planes ni pensaba hacerlos, recordando al joven y sus palabras, pero ya dijo un famoso boxeador:  "Todo el mundo tiene un plan hasta que le dan su primera hostia".