jueves, 27 de octubre de 2022

ANIMA-DOS

Jueves de relatos


Después de la temprana muerte de mi mujer estuve algo perdido y sin rumbo. Al cabo de unos años, con los ánimos y visita de su hermana menor, terminé por entender que la vida sigue a pesar de todo. Rehice la mía con su hermana a pesar de las críticas de algunos familiares comunes. La noche de las ánimas sería la confirmación de que todo estaba bien o lo contrario, según su madre, evitando tener que pronunciarse ante los familiares.

Nos trasladamos a vivir a una casa a las afueras, con vistas a los sembrados del campo. Todo era felicidad hasta que llegó aquel día. Ninguno decía nada, pero teníamos los nervios en tensión. Decidimos no salir. Mi pareja me avisó asustada. Por la ventana se vislumbraba una niebla espesa y extraña. La intenté tranquilizar diciendo que, como muchas otras veces, había niebla en los campos. En la tele, no sé bien por qué, Juan Tenorio nos martirizaba. 

A las doce en punto se fue la luz por una tormenta eléctrica. Al menos eso quisimos creer. Minutos después, tres golpes sonaron en la puerta. Mi pareja gritaba y yo nervioso le pedía calma. «Es mi hermana», gritaba. Otros tres golpes replicaron. Me contagió su miedo o lo que fuera que tuviese. «No entrarás, no te damos permiso», sentencié desde la cama abrazado a mi pareja. Me enfurece reconocer que no tenía ninguna serenidad.

Minutos después sonó mi nuevo teléfono. No le había dado el número a nadie. Lo apagué de inmediato y pasamos la noche abrazados, temblando como dos chiquillos asustados. Al día siguiente, al encenderlo observé un número muy largo y ya menos alterado, pero con el mismo miedo, escuchamos el mensaje:
«Estoy hasta los cojones y no voy a repartir más pizzas esta noche. Si no me vais a dejar entrar, ¿para que me las pedís?».
Mi pareja reconoció que las había encargado ella y había dado mi número. ¿Fantasmas? Un par de tontos dejándose llevar por sus miedos.