martes, 20 de abril de 2021

HECHIZOS

Mi vida ha entrado en una espiral negativa. Min se marcha a Corea tres meses de vacaciones o algo parecido -creo que su esposo quiere separarla un poco de todo esto- y mi vecinita se ha relajado conmigo. No tiene que competir y se ha echado novio. Se esfuerza en gemir demasiado por las tardes .

He invitado a una compañera de trabajo a cenar comida china y revisar unos trabajos en mi casa, es soltera y curentañera. Creo que tuvo un novio hace años y murió en un accidente. 


Una cerveza, unas risas, mis manos en sus rodillas... La beso intensamente. Ella no sabe muy bien cómo reaccionar. Se reincorpora de la silla pero la abrazo contra la pared y mis manos elevan su falda atrapando su culazo. Comienza dando grititos y suspiros de apuros pero no le pone demasiado interés a deshacerse de mí.

 - Es la primera cita -me dice.
 - Te voy a devorar entera -le susurro, mientras atrapo sus pechos y muerdo su labio.

Sale corriendo por el salón, emitiendo sonidos como una perdiz africana, recolocando su ropa y recogiendo sus cosas. Un portazo pone fin a un episodio de  National Geographic por mi apartamento.

Después de tranquilizar mi mente, bajé al piso de la vecinita a pedir un vasito de sal -original excusa-. Salió con poca ropa y luciéndose. Me ofreció el vaso con una sonrisa irónica. Pronto sus ojos se quedaron como platos cuando observó cómo lanzaba la sal por encima de mi hombro, por toda la escalera, enunciando palabras extrañas.

 - ¿Pero qué haces? -preguntó.
 - Alguien me ha maldecido con algún conjuro. Si observas salir alguna especie de bruma o niebla me avisas…

Había pasado una hora cuando subió a mi apartamento y me pidió más explicaciones mientras devoraba la comida china, prácticamente sin tocar, y se bebía una cerveza. Le conté una historia de miedo para no dormir sobre hechizos y conjuros que  había visto en internet.


Por supuesto esa noche durmió en mi cama -estaba acojonada-, y acabamos liándonos... para no variar.

 - Como resbale en la escalera con la sal y me meta una hostia, te acuerdas -dijo al levantarse temprano por la mañana, con su irreverencia natural.

Pensé que se marchaba pero se puso a desayunar en mi cocina. Después tenía que atenderme la casa. Dos pájaros de un tiro.
Volvía cierta normalidad a mi vida. Ya no había brujas, de una u otra manera tuvo efecto el hechizo...