miércoles, 5 de mayo de 2021

FRANCACHELA

Jueves de relatos


Todo estaba preparado para el picnic. Salimos temprano pues el día invitaba a ello. Extendimos la manta y pusimos todos los víveres sobre ella: calientes, recientes..., demasiados dulces para mi gusto. 

Usaba un mini short de colorines llamativos. Fuimos a dar un paseo -o eso creí yo-, me apoyó en un árbol y comenzó a besarme. Sus maneras eran tan provocativas, escandalosas y descaradas como sus pantalones. 

Metidos en faena no escuchamos nada pero luego el ruido empezó a ser más constante. Una ardilla había caído de una rama. Después, otra. Y al mismo tiempo, golpes: aquí, allá...  Aquello no era nada normal. Dimos una vuelta de reconocimiento y lo encontramos. Su piel era basta y según lo apoyamos en diferentes materiales, su cuerpo se camuflaba del mismo color.

Mi compañera diseñó el plan. Toda la comida estaba embadurnada de una sustancia narcótica y todos los animales que nos la robaron, sufrieron las consecuencias, incluido él: Un nono -por ponerle nombre-. Una especie de humanoide que se pirraba por la comida, las piedras preciosas y los colores brillantes. De ahí, su short y su espectáculo sensual para reclamar la atención del bicho.

Conseguimos montones y montones de joyas y piedras preciosas  que aquel ser había ido acumulando  durante décadas. El trato era soltarlo cuando fuésemos lo bastante ricos. Saqueamos sus cavernas secretas pero creo que ella no lo cumplió. Tiene la dirección de varios bosques donde viven más bichos de estos. Mi cara es un poema y la información no sé muy bien como la obtuvo.