jueves, 28 de marzo de 2024

APNEA

Imagen de la red

Éramos un grupo de amigos bien avenidos que, como suele ocurrir en estos casos, las pequeñas disputas venían de nuestras respectivas mujeres. 

—Mirad como plancha Javier. Podíais ir aprendiendo los demás, incluso os puede enseñar. 

Las miradas nos iban para adentro con cierta mezcla de resinación y paciencia. Hacia fuera era falsa sonrisa y mirar hacia otro lado. Era la cantinela de cada encuentro: Javier para arriba y rara vez para abajo.

Es el típico chaval de la pandilla que igual vale para un roto que para un descosido. Hace deporte a diario y siempre nos marca el ritmo de la marcha; da igual andando que en bicicleta. No bebe alcohol salvo en puntuales ocasiones sociales. Es majo, agradable y tranquilo, pero que nuestras respectivas nos lo pongan como ejemplo de todo, nos desquicia.

Decidió invitarnos a una excursión por la presa. Había unas ruinas romanas a poco más de dos metros de profundidad por lo que para nosotros, "ineptos" para lo demás, era tarea sencilla. Javier preparó su cámara.

Juan y Pedro fueron los primeros en lanzarse. Desde la superficie podían verse los restos. El agua estaba clara. Javier se dedicó a sacar fotos desde la barca, inclinándose lo suficiente para meter la cabeza en el agua. Juan salió a la superficie, emocionado, y nos invitó a zambullimos. Por alguna extraña razón, nuestros pensamientos conectaron y empujé a Javier, suavemente y lo justo para hacer la broma de que así podría sacar las fotos más de cerca.

Al rato no salía y Pedro, que aún estaba metido en el agua, se alarmó, tanto como para que nos zambullésemos en su busca.

Y así nos encontramos, en la sala de espera de urgencias del hospital, sentados a la navarra mujeres frente a hombres, bajo sus recriminatorias e incisivas miradas y su devastador silencio. Luisa, la mujer de Javier, ni nos miraba pero con eso lo decía todo.

sábado, 2 de septiembre de 2023

FARIÑA





La policía volvió al molino para rematar el informe, Todas las pruebas encontradas la llevaban allí desde la desaparición de la joven. Últimas fotos y pesquisas sobre el caso. El molinero, y, a la vez panadero de la ciudad, era el padre del principal sospechoso.

Después de comprobar la fuerza que tienen las enormes piedras para moler todo y sacar la harina le preguntaron al señor por la clase de harina que usaba.

 —Hoy utilizamos estos sacos, la semana pasada usamos una nueva, algo más oscura de cereales, por probar panes diferentes.
—¿Del que nos llevamos una hogaza? —preguntó la inspectora con cara extraña. Este asintió con una sonrisa en la boca.

Salió al exterior a tomar el aire y una idea macabra rondaba en su cabeza mientras le daban arcadas. Sin embargo, no quedaba absolutamente nada de la otra mezcla para llevarse una muestra. Su compañero la alcanzó. Se situó a su lado y guardó un momento de silencio mientras observaban el molino. La noria no dejaba de dar vueltas y el agua discurría tranquila.

— No va a hacer más panes con esa harina. Por lo visto a la gente no ha terminado de gustarle.
—¡Mueve al personal! Hay que encontrar, aunque sea una miga, algo de ese pan. Busca casa por casa, panera por panera, en la basura... ¡Donde sea! Hay que dar con una muestra.

lunes, 14 de agosto de 2023

PRECAUCIÓN

                                                                  

Tras varios encuentros caóticos y fallidos en nuestra relación, quedé con mi compañera de oficina en mi apartamento, La verdad estaba deseando provocar a mi vecinita como si algo en mi interior estuviera volviendo a mi pasado de pecado. Después de una cena suave donde dije lo enamorado que estaba de ella y mi necesidad de avanzar en nuestra relación, mis manos recorrían su cuerpo desnudándola, cuerpo a cuerpo y su boca cedió ante mis deseos.

—¿Somos novios entonces? —le pregunté. 
—Estaba deseando oírtelo, cielo. ¡¡¡Sííííí!!!

La oía animada porque yo andaba a otra cosa entre besos y esas caricias en su sexo algo descuidado, con aquel enjambre de vello que se enredaba en mi boca. La escuché gemir, gritar mi nombre y rezar a no sé qué Dios cuando la penetré sin demasiado tacto. Necesitaba que alaridase de placer, que mi vecinita entrometida la escuchase e hiciera alguna de las suyas. 
La volteé, dejándola presta y mansa para mí, mientras engañaba sus deseos masajeando su espalda hasta meterme en el abismo de su final. En un momento dado, sus gemidos se hicieron más protesta y mis movimientos más salvajes hasta desfallecer de placer sobre su bonita espalda.

—¿Por qué me has penetrado por ahí sin avisar ni permiso?
—¿No querrás correr el riesgo de quedar embarazada la primera vez, amor? —respondí.
 — ¿No será así siempre, verdad?
 — Al menos el primer año, ya encontraremos algún modo de precaución.

Se vistió y salió sin despedirse, mirándome furiosa. No creo que mis palabras la convencieran, pero tampoco dijo nada entonces. 
A la tarde, coincidí con mi vecina y, volviendo su cara, me soltó:

—¿Ya te has librado de ella, no? Seguro que Min está de vuelta. ¡Qué excusa más ridícula, traidor!